“Unabomber”


Theodore Kaczynski nació en Chicago en el año 1942.
Su madre enviudó en 1990 cuando su marido se enteró de que tenía cáncer terminal y se suicidó.
Tenía un hermano menor, que fue quien finalmente le denunció.
Entre los años 1978 y 1995 colocó 16 bombas, resultando 3 personas muertas y 28 heridos.
Actualmente Theodore Kaczynski se encuentra cumpliendo una cuadruple cadena perpetua en Colorado.

Theodore Kaczynski trabajo como profesor de matemáticas en la Universidad de California hasta que, a los 28 años decidió romper con la civilización, y desde ese momento empezó su “cruzada” en contra del progreso.
Se fue a vivir totalmente sólo a una cabaña en las montañas de Montana y entre 1978 y 1995 fue el hombre más buscado de América, pues su cabeza llegó a valer 1 millón de dólares y fue considerado como el terrorista más peligroso del mundo.


Theodore luchaba por el regreso a la a través de “una completa y permanente destrucción de la sociedad industrial moderna en cada parte del mundo”, pues argumentaba que el progreso nos destruiría a todos, y con sus atentados pretendía llamar la atención de las principales personalidades y empresas.
Un equipo de especialistas del FBI interrogó a 10.000 sospechosos y han gastado 50 millones de dólares en un intento sin éxito de detenerlo.
El FBI tuvo que admitir que Kaczynski era muy inteligente y un experto en manipulación de explosivos.
El primer dispositivo que colocó, constaba de una caja de cigarros que contenía cabezas de cerillas y detonadores, fue encontrada en el parking de la Universidad de Illinois (Chicago), el 25 de mayo de 1978.
Esta bomba tenía como destinatario a un profesor del Instituto Politécnico de la Universidad, pero fue reenviada a la Universidad de Northwestern, en donde explotó hiriendo a un vigilante de seguridad del campus quien había abierto el paquete por considerarlo sospechoso.
El segundo dispositivo explotó en la Universidad de Northwestern, casi un año después, hiriendo levemente a un estudiante.
La explosión de la tercera bomba colocada en la panza de un avión Boeing 727, un vuelo comercial entre Chicago y Washington realizado el 15 de noviembre de 1979, y fue este caso el que llevó al FBI a involucrarse en el asunto.
La bomba la fue activada con un barómetro casero que había sido modificado para funcionar como un altímetro.
Cuando el avión alcanzó los 35,000 pies, el dispositivo completó un circuito eléctrico que encendió una masa de pólvora.
La bomba casera comenzó a arrojar humo en el compartimento.
Los pasajeros jadeaban para poder respirar cuando el humo alcanzó la cabina principal.
Las máscaras de oxígeno salieron a cumplir su cometido y la tripulación comenzó a prepararse para una aterrizaje forzoso en Dulles International Airport, de Virginia.
Los pasajeros y la tripulación fueron evacuados por la puerta de emergencia y doce de ellos fueron enviados al hospital para ser tratados por inhalación de humo.
Cuando la fuente de la explosión fue examinada, descubrieron una bomba casera, dispuesta en una caja de madera, que había sido enviado por correo aéreo desde Chicago.
Claramente, el bombardero no podía saber que vuelo llevaría su paquete, y fue por eso que las autoridades concluyeron que no se trataba de un ataque específico sobre American Airlines.
Esta tercera acción hizo dar a conocer a las dos primeras, colocando a los federales en una larga e infructuosa búsqueda del criminal.
Pero esta situación no detuvo a Kaczynski quien envió a Percy Wood, presidente de United Airlines, un libro bomba que lo hirió el 10 junio de 1980.
El ataque a Wood llevó al FBI a denominar a Kaczynski con el nombre de “Unabomber”.
La quinta bomba fue colocada en una clase de la Universidad de Empresariales de Utah, el 8 de noviembre de 1981.
Nadie salió herido.
Dos meses después, el 5 de mayo de 1982, una bomba hirió a un académico de la Universidad de Vanderbilt en Nashville.
El 2 de julio de 1982 “Unabomber” colocó una bomba en la Universidad de California.
Durante la semana de vacaciones se encontró el paquete bomba en el suelo de la cafetería del Departamento de Ingeniería del Campus de Berkeley.
Un profesor de electrónica resultó seriamente herido ya que su cara y manos se vieron muy afectadas cuando desenvolvió el paquete al confundirlo con un “instrumento de medición”.
Tres años después, Kaczynski atacó directamente a la Boeing Corporation, dejando un paquete bomba en la sala de ordenadores, el 15 de mayo de 1985, que le hizo perder un dedo de la mano derecha al estudiante de matemáticas que lo abrió.
En menos de un mes, el 13 de junio de 1985, fue atacada por segunda vez la Boeing Corporation al recibir una bomba la oficina de Washington, que fue interceptada antes de causar daños.
Menos afortunado fue el ayudante de un profesor de la Universidad de Michigan, al abrir el paquete que iba dirigido al profesor el 15 de noviembre de 1985.
La siguiente bomba estaba disimulada bajo una tabla de madera y la colocó en un parking de California, al lado de un almacén de ordenadores, el 11 de diciembre de 1985.
El encargado del almacén encontró la bomba y al agarrarla, la dobló resultando muerto.
Esta fue la primer causada por Kaczynski .
El siguiente ataque fue nuevamente en un almacén de ordenadores, el 20 de febrero de 1987, en Salt Lake City.
Resultó herido el encargado de la tienda.
Una cajera aseguró haber visto a un hombre con un pasamontañas cerca del lugar, y fue esta la primera vez que el FBI estuvo tan cerca de identificarlo.
La valoración que hizo el FBI de los motivos que llevaban a “Unabomber” a colocar bombas hizo que se le viera como un “chiflado solitario” que actuaba guiado por cuestiones personales.
Luego de varios años sin obtener resultados, el grupo especial de operaciones del FBI dedicado a este caso fue temporalmente disuelto.
Cinco años concluyeron hasta que “Unabomber” colocó dos nuevas bombas, una el 22 de junio de 1993, en la Universidad de California, que hirió a un genetista, y la otra, colocada dos días después en la Universidad de Yale, causó heridas graves al conocido programador David Gelernter.
En esta época “Unabomber” envió un comunicado al New York Times explicando que el autor de las bombas era el “Freedom Club” (Club de la Libertad), un club de anarquistas anti-tecnología.
Inmediatamente se reconstituyó el grupo especial de operaciones del FBI dedicado a este caso, pero no pudieron hacer nada por salvarle la vida a Thomas Mosser, directivo de Burson-Marsteller, la agencia de publicidad que intentó recuperar la buena imagen de la compañía Exxon después de la catástrofe medioambiental del Exxon Valdez.
La bomba fue colocada en la puerta de la casa del directivo el 10 de diciembre de 1994, que al abrirla reventó en su cabeza.
El 24 de abril de 1995, una pesada caja llegó a la sede de la Sociedad Forestal de California, creyendo que podía ser una bomba, y cuando la secretaria del presidente de la corporación no pudo abrirla, se la dio a su jefe a pesar de que iba dirigida al “antecesor” de éste, William Dennison.
El presidente de la Sociedad Forestal de California murió debido a la explosión.
Esta fue la última acción de “Unabomber”.
Dos días después, el 26 de abril de 1995, el “Freedom Club” envió una carta al New Tork Times.
Creyendo que era otra bomba, el personal del periódico entregó la carta sin abrir al FBI.
La carta en realidad contenía un manifiesto.
“Unabomber” prometió que no llevaría a cabo más acciones si el manifiesto del “Freedom Club”, “La sociedad industrial y su futuro”. era publicado.
“Unabomber” declaró
“creemos que ha llegado el momento de publicar las ideas antitecnología”.
El New York Times accedió a publicar el manifiesto.
La detención de Kaczynski se debió más a una cuestión de suerte que a la labor del FBI.
Su hermano David Kaczynski fue quien lo delató, recibiendo la recompensa de un millón de dólares que se ofrecía, la mitad se la entregó a los familiares de las víctimas.
David siempre había intentado seguir el ejemplo de su hermano hasta el punto de construirse una cabaña y abandonar la sociedad civilizada.
Pero luego de cierto tiempo, abandonó esta idea y regresó a su vida anterior.
Durante el juicio Theodore Kaczynski rechazó a sus abogados por querer basar su defensa en una aparente enfermedad mental, y propuso que Tony Serra, un abogado célebre por defender a grupos radicales, llevase su caso.
Tony Serra aceptó el caso sin cobrar, pero el juez rechazó el cambio por considerar que era ya demasiado tarde.


Theodore Kaczynski enviado a prsión.
 
Finalmente fue condenado a una cuádruple cadena perpetua a cumplir en una prisión de máxima seguridad.
Acabando con una cadena de atentados que duraron 18 años y le convirtieron en el criminal más perseguido de América del Norte.
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El Crimen de Alcasser

Antonio Anglés Martins vivía en España. Era conocido como una persona de carácter violento, además, era un criminal.
Entre sus antecedentes se podían mencionar tráfico de drogas y robos.
Martins estuvo preso durante 6 años por acusar a una ex novia de robarle drogas, razón por la cual la golpeó y torturó duramente. La mujer logró salvarse porque la familia de Anglés llegó en el momento adecuado.
Durante su estadía en prisión, su conducta fue intachable, por lo que le otorgaron permisos para salir asiduamente. Durante uno de esos paseos, Anglés se marchó definitivamente de la cárcel.

La opinión de Anglés sobre las mujeres era rotunda, pues para el eran todas unas golfas y vivía amenazando que algún día acabaría con alguna.
La noche del 13 de noviembre del año 1992 desaparecieron tres niñas del pueblo de Alcasser. Rondaban los 15 años y nadie supo nada de ellas hasta el 27 de enero del año siguiente.
El día en que desaparecieron las niñas, Martins paseaba con su amigo Miguel Ricart en el auto del segundo, otro delincuente. Los hombres iban en busca de “diversión”.
Tres niñas que estaban haciendo autoshop se cruzaron en su camino, pues esa noche irían a una fiesta de la disco del pueblo.
Angles y su amigo no dudaron el “llevarlas”, pero una vez que pasaron la discoteca, la situación en el auto se puso tensa. Las niñas entraron en pánico y Angles las golpeó. Luego las ató y así las llevaron hacia Catadu, donde se encontraba una caseta en la que el delincuente se refugiaba frecuentemente.
Las niñas fueron violadas por ambos hombres, y luego de atarlas nuevamente, los amigos salieron en busca de comida.
Cuando volvieron, dos de las niñas se encontraban en grave estado, mientras que la otra estaba desconsolada y descontrolada por los hechos. La fuerza que mostró no le sirvió mas que para ser violada una vez mas y dejarla en el mismo estado que a las otras.
Terminada la faena, los criminales se dispusieron a dormir, pero como las niñas no cesaban de quejarse y llorar, Anglés decidió acabar con el asunto.
Se fue afuera y comenzó a cavar una fosa, pues creía que, si ocultaba los cadáveres, nadie se enteraría del crimen.
Lista la fosa, desataron a las jóvenes y las condujeron a lo que ellas creyeron que sería su libertad, pero su destino era el de terminar enterradas.
Para librarse completamente del asunto, una vez al pie de la fosa, Anglés golpeo a las muchachas con piedras, y hasta acuchilló a una de ellas. No conforme con esto, remato a cada una con un tiro en la cabeza, las arrojó adentro del pozo y lo taparon.
Los criminales intentaron deshacerse de las posibles evidencias, limpiaron el auto y tiraron los proyectiles, y huyeron.
Mientras tanto, la búsqueda de las niñas ya había comenzado. La noticia llegó a los medios, y esto hizo que el caso fuera conocido en todo el mundo.
En enero del año siguiente, tras un fuerte torrencial, la tierra dejó al descubierto los cuerpos de las niñas y fueron hallados por unos apicultores de la zona.
Ciertas pruebas hicieron que la policía descubriera a los asesinos, pues hallaron un volante a nombre de Enrique Anglés y un guante de Ricart, también encontraron una bala del arma con que dispararon a las muchachas.
La búsqueda comenzó ahora con datos precisos, y la prensa se ocupó de divulgarlo, por lo cual, ya alertado, Angles decidió huir.
Ricart no tuvo tanta suerte, pues este no se había enterado que la policía andaba detrás suyo y fue apresado rápidamente. 170 años de prisión fueron su castigo.
Angles se convirtió entonces en el criminal mas buscado por la policía. Logró llegar hasta Portugal con la idea de cruzar a Centroamérica desde ahí. Sus planes se vieron frustrados por la policía portuguesa, por lo cual consiguió abordar un buque con destino a Irlanda como polizón, pero tampoco halló el camino a la libertad en dicho barco, pues la tripulación se dio cuenta de que era un intruso a bordo y lo encerraron en una habitación del buque. Al llegar al puerto, el criminal se había fugado.
Creyeron que se habría arrojado al agua, en cuyo caso, dudosamente hubiera sobrevivido. Además, ningún cuerpo con su descripción apareció en la costa.
La otra opción era que hubiera conseguido sobornar a alguien del barco y así conseguir escapar. Un bote de emergencia de dicho buque fue encontrado tiempo después en la costa.
Varios rumores corrieron en los años siguientes acerca del paradero de Angles, fue visto por todo el mundo, pero nunca fue hallado.
Oficialmente, su caso no ha sido cerrado hasta el momento.
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“El Loco” de Madrid

Fernando Rivero fue conocido como “El Loco” en el mundo de las sustancias prohibidas. Desde muy temprana edad comenzó con la mariguana, y llegando a su adultez, lo había probado todo: disolvente, LSD, anfetaminas y hasta incluso con cocaína.

En los lugares que solía frecuentar, se lo caracterizaba como una persona muy violenta, no solo por las consecuencias que conllevan para la personalidad el hecho de ser un habitué de las drogas, sino porque también era un hombre versado en los artes marciales.

Con 29 años de edad, Fernando Rivero, no podía vivir sin estar drogado, y por supuesto, las consecuencias de esto eran evidentes en su estado de salud, pues sufría de ataques de paranoia y tenía severas alucinaciones.

Durante el año 1993, los psiquiatras del Hospital Gómez Ullúa llegaron a la conclusión de que Rivero padecía trastornos de la personalidad con rasgos psicopáticos.
Varias veces pasó por la cárcel por diversos motivos: falsificación de documentos, robos, lesiones y desacato a la autoridad.

Varios asesinatos fueron cometidos durante la noche del 1 de julio del año 1998, pues “El loco” tenía todo bien dispuesto para que así lo fuera.
La escena del crimen tuvo lugar en el hotel “Los Reyes Católicos”, en la cuidad de Madrid.
Este lugar no fue escogido al azar, sino que Rivero tenía un As bajo la manga, pues varias veces había pasado la noche en dicho hotel por lo cual tras un minucioso trabajo de observación, tenía la certeza de que durante los primeros días de cada mes, el dueño del hotel retiraba dinero del banco para pagar los salarios de sus empleados.

Armado con su escopeta calibre 12, cinta adhesiva y cutter, fue como Rivero se aventuró a dar lo que para el sería “Su gran golpe”.
Durante la noche del día del crimen, Rivero llamó al hotel para pedir un cuarto, pues tenía bien en claro que, sin reserva previa, no podría ingresar en el establecimiento.
La habitación fue reservada a su nombre, y sin más rodeos, se encaminó hacia el hotel, por supuesto, ya drogado y con el “Coraje en la sangre”.

Su plan era sencillo: amenazaría al conserje con el elemento cortante y luego lo inmovilizaría con la ayuda de la cinta de embalaje. Por si acaso, llevaba su arma escondida en una caja.

Una vez en la recepción del hotel, pidió la llave al recepcionista, y contrariamente a sus planes, cuando este se le acercó, sacó la escopeta al tiempo que le dijo “Tú ya estás muerto”.
Este comienzo dio por sentado que nada se llevaría a cabo tal como lo había planeado anteriormente.

La primer persona que acudió a la escena del crimen luego de escuchar tres disparos fue una turista estadounidense, llamada Noranne Siemers. Ella se alojaba junto a su familia en el hotel, y como no pudo comunicarse con recepción ante la alarma, tomo la decisión de acudir por si misma, acompañada por su hija.
Al llegar a la escena del crimen encontró dos cadáveres con heridas de balas y degollados. Semejante escena hizo de la señora Siemers huyera inmediatamente de vuelta a su cuarto.

Entre los cuerpos se encontraban recepcionista del hotel y de un hombre, cuya suerte no lo acompañó al momento de arribar al hotel en el mismo instante que Rivero. Este hombre llegó junto a su pareja, quien se convirtió en la tercer desafortunada en caer en las manos del asesino. En su caso, el corte de Rivero no llegó a ser demasiado profundo como para terminar con su vida, aunque el asesino así lo creyó porque no le disparó como a los otros dos.
Gracias a esta “suerte”, la mujer pasó a ser la única que presenció esta serie de asesinatos.

Tiempo después, esta mujer relataría como se sucedieron los hechos. La mujer escuchó las súplicas y las quejas de las otras víctimas antes de que Rivero se acercara a ella y le propinara el golpe, pero presa del pánico, la mujer se desmayó y fue por eso que el asesino la creyó muerta.

Minutos después, mientras Rivero buscaba el dinero, la mujer recuperó la consciencia y se corrió a la planta baja, pues tanto ella como los otros dos muertos, se encontraban en el hall de la escalera que iba hacia el primer piso.
Cuando el asesino se percató de que había desaparecido, corrió a buscarla, y una vez que este llegó a la planta baja, encontró el dinero que había en la recepción e intentó destruir la computadora del hotel con el objetivo de borrar la información de aquella fatídica noche.
Mientras tanto, la mujer pudo huir nuevamente para dirigirse a los pisos superiores a buscar ayuda. Nadie le abrió la puerta, y cuando escuchó nuevamente que el asesino se dirigía hacia donde ella se encontraba, volvió hacia abajo, a la receptoría.
Allí intentó comunicarse con el número de emergencias, pero una vez más no tuvo éxito, ya sin más opciones, corrió a la calle en busca de auxilio y allí fue que un taxi la llevó hasta el hospital.
Tiempo después, cuando se hubo recuperado, la mujer relató los hechos de aquella noche a la policía. Su historia encajaba totalmente con la reconstrucción que los oficiales habían hecho del caso, aunque se desconocía aún al responsable del crimen.

En el hotel fue hallada la caja en la que Rivero llevaba el arma, y en ella se encontraba impresa la dirección de un negocio de muebles. Gracias a este dato, un policía hizo la asociación de que en la calle en que se ubicaba dicha tienda, vivía un criminal que se llamaba Fernando Rivero Velez.
Además, hallaron la ficha del conserje que evidenciaba que Rivero había hecho una reserva para aquella noche, y además, el hecho de que el monitor de la computadora estuviera roto, delataba que el autor no quería que se pudiera corroborar la información de dicho día.
Cuando huyó del hotel, Rivero fue a un bar en donde trabajaba su novia y con ella huyó hacia Badajoz. Le dijo que era para evitar una audiencia que tenía por una de sus causas al día siguiente.
Por otra parte, un informante de la policía recibió una llamada de Rivero por la cual se pudo registrar el número desde donde había llamado.
La policía lo atrapó tres días después de los asesinatos y fue transferido a la prisión de Badajoz.
Mientras lo trasladaban a su audiencia, pudo fugarse luego de golpear a un guardia, pero este respiro de libertad duró muy poco. Al tiempo fue apresado nuevamente y llevado a prisión.

La única persona que presenció el testimonio de Rivero fue un psiquiatra quien concluyó que el asesino era altamente peligroso por su condición psicológica.
Fernando Rivero acabó en prisión. Pero así no concluyó su historia, pues estando recluto mató a otro preso a puñaladas.
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John George Haigh

En determinadas ocasiones, los sueños pueden condicionar determinado comportamiento hasta llegar a extremos inimaginables, más aun, si la persona afectada es poseedora de una mente fría y un corazón débil, como puede ser el caso de un criminal.
John George Haigh, mejor conocido como “El vampiro de Londres”, fue víctima de sus propias pesadillas durante toda su vida, pesadillas que lo llevaron a convertirse en asesino.

John siempre tuvo un sueño que lo obsesionó desde muy pequeño, una extraña pesadilla: se veía a si mismo en un campo lleno de crucifijos que, lentamente, se iban transformando en árboles sin hojas, con largas ramas por las que caían gotas de rocío, a medida que el pasaba a su lado.
Al aproximarse a los árboles, podía ver como las gotas que cubrían las ramas no eran agua… eran sangre.
Los árboles comenzaban a retorcerse como si sufrieran un tormentoso daño y la sangre brotaba de los troncos, mientras una silueta borrosa que portaba una copa recogía el líquido rojo.
Luego, una vez llena, se le acercaba y se la ofrecía ordenándole beberla.
John se sentía completamente indefenso ante semejante situación.
Quería desesperadamente librarse de la pesadilla.
El ser que le ofrecía la copa le decía que la única manera de librarse de él, era matar, para así saciar su verdadera sed.
La cruel pesadilla le estaba destrozando los nervios, y cada vez se sentía menos dueño de sus actos.
El quería ser libre, no volver a soñar… y terminó asumiendo que para hacerse libre tenía que hacerla real.
En 1949, Haigh vivía en una pensión londinense, pasando casi desapercibido a sus vecinos. Su aspecto físico, moreno, corpulento y muy bien parecido, además de una agradable sonrisa, hacía que todas las mujeres se fijaran en él.
Les había hecho creer que era el dueño de una fábrica metalúrgica, por lo que además lo respetaban, y eso le agradaba.
Pero en realidad, las cosas no le iban muy bien. Apenas tenía dinero y la dueña de la pensión le había llamado varias veces la atención. Y además, esos horribles sueños, no dejaban de acosarlo.
Olivia Durand-Deacon era una de las elegantes viudas de mucho dinero que se sentían interesadas por él, pero más que por su físico, por la actividad que le habían dicho que ejercía: agente comercial.
La señora quería que le sirviese de intermediario para llevar a cabo un negocio de uñas artificiales.
Cuando se hacen amigos, le enseña una muestra de unas uñas hechas de papel, preguntándole si creía que podían tener éxito comercial.
El hombre promete interceder por ella ante un posible negocio y citarla con otro agente comercial.
Cuatro días después, llevó a la señora Deacon a Crowley con el fin de discutir la fabricación de las uñas artificiales, haciéndole creer que la cita tenía lugar allí.
Antes de la cita, compró un tonel de acero, diseñado especialmente para resistir la corrosión de los ácidos, a esto le sumo 153 litros de ácido sulfúrico, y lo hizo enviar a un almacén abandonado en Crowley.
En realidad conduciría a Olivia a unos almacenes semiabandonados para el depósito de mercancías.
La mujer nunca hubiese imaginado que un hombre tan correcto sería quien acabase con su vida.
Al día siguiente, todo el mundo preguntaba preocupado por Olivia, pues la mujer nunca pasaba las noches fuera de la pensión y en esta ocasión, no había dado “señales de vida”.
Haigh respondía con aire sorprendido que no había acudido a la cita, que tras esperarla durante una hora se había ido sin verla.
Y como seguía sin aparecer, se ofreció junto a otros pensionistas para ir a la policía a denunciar la desaparición de la viuda.
Tuvo que hacer dos largas declaraciones en la comisaría, no mostrándose reticente o nervioso y siempre afirmando que la viuda no había acudido a la cita.
No tenía nada que temer, pues pensaba que las precauciones que había tomado lo pondrían al abrigo de toda sospecha.
Pero el escepticismo y las sospechas del comisario de policía lo llevaron por otras pistas.
Pues no confiaba en las declaraciones de Haigh, se dejó guiar por la intuición, y decidió llevar a cabo una serie de investigaciones rutinarias que le ayudaron a descubrir algunos cabos sueltos que Haigh no había tenido en cuenta: tenía antecedentes penales por estafa y robo, además se descubrió que no era el jefe de la empresa que decía, pues terminaron localizando al verdadero jefe, y declaró que sólo le contrataba de vez en vez como representante.
En los almacenes, los policías encontraron tres bombonas de ácido sulfúrico, además de un delantal, unos guantes de caucho y un revólver que recientemente había disparado una bala. También hallaron otras pruebas macabras, como huellas de sangre en la pared y el delantal, un charco de grasa en un bidón vacío de ácido, y además, el recibo de una tintorería por un abrigo de astracán.
Expertos analistas de Scotland Yard analizaron cuidadosamente los restos de grasa y dos partes casi intactas de una dentadura, que finalmente fueron identificadas por el dentista de la mujer.
Haigh mantenía su disfraz de inocencia respondiendo amablemente a cada interrogatorio, aunque la policía de Scotland Yard sabía que mentía en sus declaraciones y que todas las pistas halladas apuntaban hacia el como el asesino.
Pero al darse cuenta que no podía seguir ocultando el crimen por mucho más tiempo, termina haciendo unas siniestras declaraciones:
“Si le confesara la verdad no me creería, es demasiado extraño. Pero se la voy a confesar. La señora Durand no existe. Ustedes no encontrarán jamás ningún resto de ella ya que la disolví en el ácido, ¿cómo podrán probar entonces que he cometido un crimen si no existe cadáver? Le disparé a la cabeza mientras estaba mirando unas hojas de papel para confeccionar sus uñas postizas, después fui por un vaso y le hice un corte con mi navaja en la garganta. Llené el vaso de sangre y me lo bebí hasta saciar mi sed. Luego introduje el cuerpo en el tonel, llenándolo después de ácido sulfúrico concentrado. Después me fui a tomar una taza de té. Al día siguiente el cuerpo se había disuelto por completo, vacié el tonel y lo dejé en el patio”.
Lo que Haigh no sabía era que la policía londinense, en un minucioso trabajo de investigación, sí había encontrado restos del cadáver y lo habían incluso identificado.
Después de su detención y confesión, la policía sospechó de otros cinco crímenes acaecidos un año antes en similares condiciones.
Finalmente también se declaró culpable de esos crímenes, alegando además que a todas las víctimas les había bebido la sangre.
En el juicio, su abogado intentó utilizar la pesadilla del hombre y el acto de vampirismo como recurso, queriéndolo hacer pasar por demente que se veía obligado a matar por una obsesiva ilusión vampírica, pero no dio resultado.
Si bien los psiquiatras reconocieron sus rasgos paranoides como síntoma precursor de una aberración mental que le acarreaba una alteración completa de la personalidad, trastornándole el carácter y la conducta, el hombre había explotado económicamente a sus víctimas, bien vendiendo objetos que robaba o adueñándose de bienes u otorgándose falsos poderes.
Para los jueces se trataba de algo más que de una mente enferma que bebía la sangre de sus víctimas; era un personaje frío y calculador que premeditaba sus crímenes y actos, fingiendo una locura que lo convertiría en irresponsable ante la ley.
Finalmente es sentenciado a la pena de muerte, a la que el acusado ni siquiera apela; es ahorcado en la prisión el 6 de agosto de 1949.
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Richard Ramírez: Un Asesino Fuera de Serie

El perfil del Richard Ramírez fue definido por muchos psicólogos como un asesino en serie fuera de lo común, un perfil demasiado inquietante como para clasificarse a la ligera.
El “merodeador nocturno” aterró la ciudad de Los Angeles entre los años 1984 y 1985, asesinando un total de 14 personas.
Finalmente fue detenido y condenado a muerte. Una historia espeluznante, un asesino fuera de control.


Su vida delictiva comenzó cuando tenía tan solo nueve años.
Como la gran mayoría de los asesinos en serie, fue un adolescente muy problemático, empezó a robar y posteriormente a consumir drogas.
De Texas, su tierra natal, se fue a Los Angeles, en donde empezaría su etapa de criminal.
Tanto los médicos como los agentes del FBI encargados de perseguir y estudiar su persona, coincidieron al afirmar que una de las cosas que lo hace diferente de los demás asesinos, es que los crímenes de Richard Ramírez no siguen ninguna pauta concreta.
El no seleccionaba a sus víctimas, no le importaban ni el sexo ni la edad de éstas.
Mató indistintamente a hombres y mujeres de edades comprendidas entre los dieciséis y los ochenta y cuatro años en tan sólo unos pocos meses.
Su forma de asesinar tampoco fue común, ni siguió patrón alguno.
Unas veces disparaba sobre sus víctimas, otras las apuñalaba, y en algún caso llegó a golpearlas con un bate de béisbol hasta causarles la muerte.
Por otro lado, su manera de actuar reflejaba un cierto desorden mental.
Se podía comportar tanto como un asesino organizado, planeando el crimen de forma consciente y sin dejar ningún indicio que pudiese identificarle, como lo hacía de forma desorganizada: sin motivos, inconscientemente, guiándose por sus impulsos y creyéndose protegido por su dios, Satán.
Entonces, no le importaba dejar el arma en el lugar del crimen o detenerse después de haber cometido el asesinato para pintar símbolos satánicos en las paredes.
En algunas ocasiones robaba algo de dinero en la casa de la víctima o bien se quedaba tranquilamente a comer lo que ésta guardaba en su refrigerador.
Según las propias declaraciones de Ramírez, su juego favorito al salir de “caza”, era buscar a la presa.
Lo hacía paseándose entre las casas del vecindario, escuchando en un walkman música de ACDC.
Una vez que elegía a la futura víctima, entraba en la casa tranquilamente y con una frialdad inhumana procedía a violar, golpear y matar.
Sus crímenes no siguieron ningún móvil aparente. Fueron totalmente imprevisibles, puesto que el asesino no seguía ni el mismo ritmo ni el mismo patrón en su manera de actuar.
Un hecho destacable fue que, al principio, Ramírez solía golpear y violar a sus víctimas, dejando incluso a veces que se fuesen con vida.
Pero a medida que pasaba el tiempo, se fue haciendo más y más cruel, hasta el punto que incluso remataba sus crímenes mutilando los cuerpos; como en una ocasión, que no estando satisfecho de haber violado una joven, le sacó los ojos con una cuchara antes de apuñalarla y los envió al lugar del crimen el día siguiente.
Cuando comenta la anécdota en el juicio, declara sin dejar de sonreír: “Sí, ella aún estaba viva mientras se los arrancaba…”.
Aunque siempre confió en que el poder de Satán lo protegía y que nada podría detenerlo jamás, lo cierto es que en agosto de 1985 fue detenido por la Policía de Los Angeles.
El hecho de que Ramírez no siempre terminara con las vidas de sus víctimas, hizo posible que algunas de ellas fuesen capaces de describir al asesino.
Inmediatamente las fuerzas de seguridad de todo el país se encargaron de publicar un retrato hablado en todos los medios de comunicación, hasta que el 25 de agosto, mientras caminaba por la calle, una mujer lo reconoció y dio la alarma gritando: “Este es el asesino”.
Ramírez intentó entonces de huir, perseguido por la gente que furiosamente clamaba: “¡Mátenlo!”, pero fue finalmente capturado mientras intentaba robar un vehículo.
Por suerte para Ramírez, una patrulla de la policía intervino antes de que fuera linchado por la multitud.
Su juicio se llevó a cabo el 4 de octubre de 1989, y en el, el asesino se mostró más provocador que nunca, apareciendo con un pentagrama tatuado en la palma de la mano y haciendo declaraciones como las siguientes:
“…Yo no creo ni en la hipocresía ni en los dogmas morales de la llamada sociedad civilizada.
Sólo me basta con mirar dentro de esta habitación para conocerlos tal y como son:
mentirosos, cobardes, asesinos, ladrones… y cada uno con su propia profesión legal.
Son unos gusanos hipócritas, me ponen enfermo…”
“…No necesito oír todas los raciocinios de su sociedad.
Ya los he oído antes y los argumentos siempre son los mismos…”

“… No me entienden. Tal y como suponía, no son capaces de hacerlo.
Yo estoy más allá de vuestra experiencia. Estoy más allá del bien y del mal…”

Finalmente fue acusado de catorce asesinatos, cinco intentos de asesinato, nueve violaciones (entre ellas tres a menores), dos secuestros, cuatro actos de sodomía, dos felaciones forzadas, cinco robos y catorce allanamientos de morada.
En 1989 fue condenado a pena de muerte en la cámara de gas.
Desde su celda, esperó el día de su ejecución sin perder la fe en el poder de Satanás:
“… ¡Legiones de la noche!, ¡razas de la noche!, no repitan los errores del Night Stalker
y no concedan clemencia alguna…
Yo seré vengado. Lucifer está con nosotros…”.




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Bases neurológicas de la agresión

Ciertos estudios han develado las bases neurológicas de la agresión humana.
Las actitudes violentas y la agresividad tienen un origen neuronal que ha sido detectado recientemente gracias a ciertas investigaciones en el campo de la neurología.

Déficits muy concretos en la estructura del cerebro parecen subyacer bajo las tendencias violentas y demasiado impulsivas, y su conocimiento podría servir tanto para desarrollar tratamientos preventivos, así como para diagnosticar posibles futuros comportamientos violentos en niños y adolescentes, según un comunicado de la Society for Neuroscience norteamericana.

Aunque estos descubrimientos podrían tener un doble filo a nivel ético (el riesgo de estigmatizar a individuos analizados antes de que puedan hacer algo “malo” o de reducir la responsabilidad moral de asesinos o agresores por su condicionamiento neurológico), los neurólogos enfatizan que los análisis cerebrales sólo pueden predecir riesgos y que, en última instancia, como señala el neurólogo Craig Ferris, de la Northeastern University de Boston (Estados Unidos): “no somos esclavos de nuestra biología”.
Durante el 37° encuentro anual de la Society for Neuroscience en la ciudad de San Diego, se presentó un estudio liderado por Guido Frank, científico y físico de la Universidad de California, que con imágenes de resonancia magnética del cerebro ha analizado la actividad neuronal de un pequeño grupo de adolescentes valorados como “reactivamente agresivos”, considerando la violencia reactiva como una explosión que surge cuando una persona experimenta una tensión, amenaza o dificultad que es incapaz de afrontar de otra forma.
Las reacciones de estos individuos son desproporcionadas y, en estos casos, las personas son incapaces de controlarse a sí mismas.
Cuando se le mostró al grupo analizado imágenes de rostros amenazantes, los cerebros de los chicos agresivos, comparados con gente capaz de controlarse, mostraron una mayor actividad en la amígdala, una parte del cerebro que se relaciona con el miedo; y una menor actividad en el lóbulo frontal, región cerebral vinculada a la capacidad de razonamiento y de toma de decisiones, así como al auto-control.
La actividad en la amígdala reflejaría que los participantes más agresivos sentían más miedo cuando veían las caras amenazantes y, al mismo tiempo, eran menos capaces que el resto de controlar sus propios actos.
Otro estudio, de Adrian Raine, neurocientífico de la Universidad de Pensilvania que estudia las bases neurológicas de la violencia, fue llevado a cabo con 792 asesinos e individuos con un comportamiento antisocial y con 704 personas de comportamiento normalizado.
Raine y sus colegas descubrieron que en los primeros la corteza prefrontal del cerebro era de menor tamaño en comparación con la corteza prefrontal de los individuos capaces de controlarse.
Un meta análisis, presentado en el mismo encuentro anual antes mencionado, de 47 estudios con imágenes cerebrales de adultos, confirmó el descubrimiento de Raine: las personas con un comportamiento antisocial, particularmente aquéllas con un historial de violencia, presentaban deterioros tanto estructurales como funcionales en dicha región cerebral.
En este grupo, la corteza prefrontal era más pequeña y menos activa.
Además, estos mismos individuos tendían a presentar daños en otras estructuras cerebrales vinculadas a la capacidad de hacer juicios morales, mayormente en la corteza prefrontal dorsal y ventral, en la amígdala y en el gyrus angular (relacionado con el lenguaje y la cognición).
Los científicos señalan que aún se desconoce cómo se producen estas anomalías cerebrales. La genética condiciona en gran medida la estructura cerebral, pero también pueden contribuir a su desarrollo los abusos que sufra un individuo durante la infancia y la adolescencia.
De hecho, investigaciones realizadas con animales y humanos han sugerido que las influencias del entorno tienen un fuerte impacto en el cerebro, tanto para bien como para mal, porque se ha demostrado que en individuos con predisposición genética a la violencia, el afecto y el cuidado maternos o de cualquier índole en la infancia reducen el riesgo a que se conviertan en adultos agresivos.
Guido Frank asegura que, por tanto, la biología y el comportamiento pueden cambiarse y que la imaginería del cerebro debe combinarse con la terapia y el control individualizado para conocer y modificar los progresos de cada individuo.
En el comunicado de la Society for Neuroscience, Craig Ferris declaró por otro lado que la comprensión de la confluencia de elementos, tanto ambientales como biológicos, que producen actos violentos, han sido considerados por educadores, profesionales de la salud y científicos durante décadas.
Además, afirmó que “las tecnologías de imágenes cerebrales y los modelos animales están ayudando a los neurocientíficos a identificar los cambios en la neurobiología cerebral asociados a los comportamientos agresivos. Esta información debería ayudarnos a desarrollar nuevas estrategias de intervención psicosocial y psicoterapéutica”.
La agresividad y las conductas violentas han sido objeto de numerosas investigaciones en el pasado.
Por lo general el estudio se aborda desde una perspectiva multidisciplinar que implica a psicólogos, etólogos y neurobiólogos, ya que se considera aceptado que cualquier conducta violenta es el resultado de diversos factores biológicos, psicológicos y socioculturales.
El factor biológico, que es el que ha enfatizado el encuentro anual de la Society for Neuroscience norteamericana, es el que más innovaciones ha aportado en los últimos años debido a los progresos en las tecnologías que permiten medir las reacciones cerebrales ante determinados estímulos, así como compararlas entre diferentes sujetos analizados con imágenes de resonancia magnética.
Aunque la ciencia ya había identificado las regiones cerebrales implicadas en la agresividad humana, así como las reacciones bioquímicas que se producen en nuestro cerebro ante situaciones de miedo, peligro o violencia, lo que aportan las nuevas investigaciones reflejadas en el encuentro de San Diego son evidencias más precisas y completas y la conclusión cada día más evidente de que las reacciones violentas están asociadas a anomalías cerebrales cuyo origen todavía no está bien explicado.

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“La Doncella de la Muerte”


Aileen Wuornos es una de las pocas mujeres que clasifican en la lista negra de las asesinas seriales.
Desde 1988 asesinó a tiros a más de siete de sus clientes mientras ejercía la prostitución.
online casinorent a car bulgariacomposite triple beatUn caso cuya culminación fue bastante sospechosa y hasta puso en tela de juicio la credibilidad del sistema judicial de los Estados Unidos.

Aileen Carol Wuornos nació en un pueblo de Rochester (Michigan), nació el 29 de febrero de 1956.

Era hija de padres adolescentes que se separaron meses antes de su nacimiento, Aileen quedó al igual que su hermano mayor Keith se quedó con su hermano, esta fue incapaz de cuidar a los niños y en marzo de 1960 los dejo con sus abuelos. Su abuela sufría un problema de alcoholismo y era una mujer muy violenta. Su abuelo abusaba de ella sexualmente.

En 1971, Aileen quedó embarazada de un hombre mucho mas mayor que ella , entregaron a su hijo recién nacido a un hogar de Detroit.

Aileen comenzó a viajar por todo el país y como era incapaz de mantenerse, empezó a trabajar en la calle como prostituta. Sus clientes la maltrataban frecuentemente: recibió abusos y golpizas de parte de ellos.

En 1974, usando el alias de “Sandra Ketsch”, fue encarcelada en Colorado por conducta impropia, conducir ebria y disparar una pistola calibre .22 desde un vehículo en movimiento.

Para 1976, de vuelta en Michigan, Aileen fue arrestada en Antrim County por golpear la cabeza de un barman con una bola de billar. Pocos días después, su hermano Keith murió de cáncer en la garganta y Aileen heredó los $10,000.00 dólares de su seguro de vida. Con el dinero, se compró un auto nuevo y viajó a Florida en busca de una vida mejor.


En 1981 Aileen cayó de nuevo en la cárcel, esta vez en Edgewater, Florida, por robar a mano armada una tienda. Salió de prisión trece meses más tarde, en junio de 1983.
En mayo de 1984 volvió a caer detenida, se debió al intento de cobrar cheques falsos en un banco de Key West.
Siguieron las detenciones por conducir sin licencia, robar un automóvil, resistirse al arresto, obstruir a la justicia y amenazar a un hombre con una pistola calibre 22 para robarle 200 dólares.

E 1986, en un bar de Daytona, Aileen Wuornos conoció a quien sería el amor de su vida: Tyria Jolenne Moore. Se enamoró de ella inmediatamente, creyendo que aliviaría su soledad y no la rechazaría como habían hecho los hombres, incluido su padre.

Por esa época la bautizaron como "La Mujer Araña", por su afición a vestirse con prendas de cuero negro y su odio a los hombres. Aileen recurrió a varios nombres falsos y junto a Tyria sumaron incidentes de todo tipo con la policía, desde conducir sin licencia hasta amenazas telefónicas a empleados de supermercado.

En 1989, un electricista de 51 años de nombre Richard Mallory, conocido por su afición al alcohol y a las mujeres, fue visto con vida por última vez. Al día siguiente su coche fue encontrado junto a su billetera, documentos personales, una botella vacía de vodka y varios condones. Fue hallado en los bosques cercanos a Daytona Bech con tres disparos en el pecho efectuados por una pistola calibre .22.

Esas pistas, sin embargo, no llevaron a la policía a descubrir al culpable. El caso se archivó y permaneció sin novedades hasta el 1 de junio de 1990, cuando un hombre desnudo fue hallado muerto cerca de Tampa, con seis disparos de una pistola calibre .22.

Cuando la policía lo identificó como David Spears, de 43 años de edad, ya había aparecido un tercer cuerpo desnudo de un hombre de 40 años asesinado con nueve tiros de un arma del mismo calibre.


La cuarta víctima se llamaba Peter Siems y era un hombre de 65 años, que fue visto por última vez cuando salió de su casa en Florida para ir a visitar a unos parientes en Arkansas. Su coche aparecería un mes más tarde, chocado y abandonado. Testigos contaron a la policía que a bordo del auto iban dos mujeres, una rubia y otra de pelo castaño oscuro, y entregaron información para realizar un retrato hablado. La mujer rubia iba herida, y una huella de su mano ensangrentada quedó grabada en el auto.

Un año después, otros seis cuerpos asesinados en forma similar fueron descubiertos. Todas las víctimas eran hombres de mediana edad que aparecieron muertos cerca de alguna ruta o camino. Todos habían sido robados y asesinados con una pistola calibre .22 y cerca siempre había preservativos.

La policía sospechó desde un comienzo que los crímenes habían sido perpetrados por una o dos mujeres. Aileen siempre llevaba a sus víctimas a un sitio despoblado, los amenazaba con un arma, los obligaba a hincarse frente a ella, los goleaba hasta que ellos terminaban llorando y suplicando por sus vidas, y después los asesinaba dándoles nueve tiros.

En noviembre de 1990 se obtuvieron los primeros retratos hablados de la posible pareja de asesinas

No pasó mucho tiempo antes que diversos testigos reconocieran en ellos a Tyria J. Moore, de 28 años de edad, y a Aileen Wuornos, de 34. Ambas vivían a la deriva en diversas localidades del estado de Florida y seguían siendo amantes.

Los hombres asesinados de forma similar en el estado de Florida ya eran nueve. Cada hombre había recibido nueve balazos y en el asiento trasero de los coches aparecía el envoltorio de un preservativo. Los medios de comunicación seguían a estas alturas el caso muy de cerca y presionaban a las autoridades policiales para que asumieran que se trataba de dos asesinas en serie.

Poco después de abandonar el coche en el condado de Marion, Tyria Moore dejó a Aileen para irse a vivir a Pennsylvania. El malhumor de Aileen aumentó, bebía más que nunca y rondaba sola por las autopistas. Sin embargo, aún no se había enterado de la última faena de su antigua amante ni sufrido su más amarga decepción.

En enero de 1991, la policía buscó a Tyria y la acusó de robo de un coche. Asustada por este contacto con las autoridades, decidió entregar a su ex amante. Se desmoronó y dio a conocer una historia terrible a la
policía. Declaró que Aileen Wuornos la había arrastrado al crimen, que había asesinado a varios hombres y los había despojado para comprarle a ella valiosos regalos con el botín. Mostró las alhajas que, afirmaba, Aileen había sustraído a sus víctimas y condujo a la policía al lugar que su ex amante usaba para guardar sus pertenencias, donde aparecieron más objetos propiedad de las personas asesinadas.

La policía encontró a Aileen Wuornos en el exterior del bar “El último recurso”. Se había metido a dormir en un coche aparcado y estaba absolutamente ebria. Creyó que la detenían por un delito cometido cinco años atrás con un arma de fuego. Se la llevaron para interrogarla.
Aileen se declaró autora de seis asesinatos, alegando que todos fueron cometidos en defensa propia, pues esos hombres intentaban violarla. Al día siguiente Tyria Moore era conducida a la casa de sus hermanas en Pennsylvania, y aceptó colaborar con la policía.

“La Mujer Araña” parecía satisfecha de explicar a la policía su modus operandi. Les explicó que no quería separarse de Ty. Se hacían pasar por autoestopistas, entonces ella convencía a la víctima para que mantuvieran relaciones sexuales, indicándole que condujera hacia un lugar solitario. Allí lo mataba, le despojaba del dinero y las joyas y salía huyendo con el coche.

Aileen Wuornos no llegó a explicar el significado de los nueve balazos o de la envoltura del anticonceptivo que entregaba a cada víctima. Mientras estaba detenida en espera del juicio, el oficial que la arrestó, el capitán Steve Binegar, dio su propia versión sobre tal
comportamiento: “Cuando acechaba a una víctima por aquellas carreteras solitarias, realmente buscaba a su padre. Cuando disparaba una bala tras otra sobre aquellos pobres hombres, estaba matando a su padre una y otra vez”.

Los amigos motoristas de su edad se quedaron atónitos al saber que “La Mujer Araña” era una asesina en serie. Uno de ellos, hablando en nombre de todos, dijo:

“Es espantoso, cualquiera de esos hombres pudo haber sido uno de nosotros y nunca nos habríamos imaginado quién era el culpable. Aunque yo creo que no habría ido a matar a un motorista. Nos consideraba sus camaradas o algo así. Es un alma perdida como casi todos nosotros”.
El 27 de enero de 1992, un jurado declaró a Aileen Wuornos culpable de homicidio en primer grado y recomendó la pena de muerte. El 30 de enero de 1992, fue sentenciada a morir ejecutada.

Sin embargo, en las postrimerías de su juicio Aileen declaró: "Me corre tanto odio por las venas que si me dejan viva, aunque sea cumpliendo cadena perpetua, mataré otra vez". Pidió al juez que "no malgastara el dinero de los contribuyentes".
Luego despidió a sus abogados y retiró todas las apelaciones de su condena.

Los tres psiquiatras enviados por el gobernador Jeb Bush en vísperas de la ejecución determinaron que era "competente para ser ejecutada", que Wuornos entendía el por qué y el resultado.
La pena se cumplió el miércoles 9 de octubre de 2002, a la 9:47 de la mañana. Fue ejecutada en la Prisión Estatal de Florida. Su ejecución se llevó a cabo por medio de inyección letal, un cocktail que contenía pentotal sódico, bromuro y cloruro de potasio.

Antes de recibir la inyección letal, Wournos dijo de forma inconexa: "Sólo quiero decir que estoy navegando con el rock y regresaré como en Día de Independencia con Jesús, 6 de junio, al igual que en la película, grandes naves nodrizas y todo. Regresaré..."
No llegó a terminar la frase.

El productor cinematográfico Nick Broomfield, quien realizó un documental sobre Wuornos en 1993 y que la entrevistó días antes de la ejecución se encontraba entre ellos y corroboró esos argumentos. "Mi conclusión, después de haber estado con ella el martes, es que se ha ejecutado a una persona que estaba completamente loca".
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5 Aniversario Victimas del 11M

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La cárcel de los agentes corruptos

Sevilla / Málaga - 02/11/2008 

221 funcionarios de prisiones, policías y guardias civiles cumplen condena - Apartados del resto de reclusos, siguen sus propios códigos de conducta 

"Allí estamos juntos los asesinos, los muy malos, los menos malos y los inocentes. La primera noche me pusieron con un tipo que había destripado a su mujer, hasta arriba de pastillas, y que había sido guardia civil sólo siete días".
Pocas veces una vida pega mayor giro que cuando un policía entra en prisión. Esposado y custodiado por compañeros, el agente Manuel (nombre falso) vivió tras su condena en 2005 una rutina carcelaria donde integraba el grupo conocido como los corruptos.

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La desaparición de los O’Hair

Todo comenzaba en Austin, Texas, en la década de los 80…Madalyn O’Hair era prácticamente una celebridad por ser dueña de American Atheists, una revista muy conocida en el país, con inclinaciones religiosas, sociales y hasta políticas.
Las cosas se pusieron feas cuando Madalyn decide contratar como empleado a David Roland Waters, un ex-convicto que había cumplido su condena. Pero realmente se pusieron más feas cuando Waters le roba 50.000 dolares de su oficina.



Tras falta de evidencia para encarcelarlo, la Sra. O’Hair decide utilizar todos los medios que tiene en su poder para no dejar el asunto olvidado: publicar un artículo difamándolo, en el cual lo presenta como un ladrón, contando acerca del robo de los 50.000 dolares. Pero eso no era todo…además escribió que en la cárcel había tenido relaciones homosexuales con otro convicto.
Esto enfureció a Waters, quién frente a sus amigos juró que se iba a vengar.


El 27 de Agosto de 1995, Madalyn O’Hair, Jon Garth (su hijo, de su primer matrimonio) y Robin Murray (la hija del segundo hijo de Madalyn -William Murray-) desaparecen misteriosamente de las oficinas del American Atheists, dejando una nota: que se ausentarían un tiempo y que irían a visitar San Antonio, Texas. El mes siguiente, Jon cambia 500.000 dolares en monedas de oro. Pero tras la incomunicación de la familia, un año después, William Murray los reporta como desaparecidos.
La teoría de la huída de los O’Hair con el dinero, sería cuestionada más adelante por un periodista, quién se comunicaría con David Waters preguntandole si él tenía algo que ver con la desaparición. Pero él respondió que no, a lo que el periodista no le creyó ni una sola palabra.
En ese mismo año, se descubre que el auto de Jon Garth había sido vendido, pero para ese entonces ya se habían reportado las desapariciones, por lo que a la policía le pareció sospechoso y decidió investigar. Tras interrogar al comprador del auto, le mostraron una fotografía de Jon preguntandole si esa era la persona que le había vendido el vehículo, a lo que el comprador dijo que no. La policía le mostró algunas fotografías más, y en una de ellas, el comprador reconoció a la persona que le había vendido el automóvil. Esa persona era David Fry, un colega de David Waters. Esta situación hizo que la ley mirara más de cerca el cambio de los 500.000 dolares en monedas de oro que según se tenia entendido había sido por Jon Garth. La policía inmediatamente siguió la hipótesis de un secuestro, en el cual no sólo estaría implicado Waters, sino que también Fry y quién sabe cuántos más.
La novia de Waters, hace una llamada a la policía, en la que cuenta algunas cosas importantes para el caso. Entre ellas, les dice que su novio había alquilado un depósito de almacenaje en las afueras de la ciudad. Inmediatamente la policía se dirige para registrar el lugar. Allí, encuentran un tanque de lejía (que es usado para remover sangre) y una muy pequeña gota de sangre escondida debajo de una tapa. Tras realizar un proceso de ADN mitocondrial, se dan cuenta que la gota de sangre era una mezcla de sangre de Madalyn O’Hair y Jon Garth.
En busca de más evidencias, la policía también decide registrar el departamento de Waters, en donde se encuentran varias cosas que pertenecían al American Atheists.

Un tiempo después, encuentran en un lecho de río un torso masculino flotando. Al cuerpo le faltaban las dos manos y la cabeza, por lo que se cree que el asesino no quería que el cadáver sea identificado.
Pero esto no fue suficiente para detener a la ciencia forense. El mismo periodista que había hecho el llamado a David Waters, (que se encontraba trabajando en el caso) tuvo una corazonada, y pidió que se compare el ADN del cadáver, con el hermano de David Fry. Asombrosamente, había 7 alelos en común, por lo que se confirmó que el cuerpo hallado pertenecía a David Fry, el cómplice de Waters. Una nueva incógnita azotaba a la policía…¿Por qué había sido asesinado Fry?
Con tanta evidencia en su contra, David Roland Waters es hallado culpable por el jurado y es condenado a 80 años de prisión. Junto con él, cae otro de sus cómplices, Gary Carr, quién admitió haber ayudado a asesinar a los O’Hair, a desmembrar sus cuerpos y a meterlos en 50 recipientes distintos para luego enterrarlos.
Pero a pesar de haber encarcelado al culpable, todavía quedaba una duda…¿Dónde estaban los cuerpos de los O’Hair? Después de 5 años, David Waters les indica donde estaban sepultados los cadáveres. La policía de inmediato realiza una excavación y encuentra 3 esqueletos, que habían sido desmembrados (los huesos estaban partidos). Los esqueletos son identificados, tras realizar muestras de ADN, por sus registros dentales, y además debido a un objeto metálico que se halló en la cadera de uno de ellos. La policía revisa los registros médicos de Madalyne, y observan que ella había recibido una operación en donde se le había agregado una ”cadera artificial”. El número de serie en la placa hallada en la excavación, y el de la operación de Madalyne coincidían.
Pero había algo más. En la excavación se encontró una cabeza y dos manos de más. Se realizo un montaje fotográfico del cráneo encontrado con una fotografía de David Fry, y se confirmó que eran sus partes.
El caso estaba resuelto…pero….¿Porque David Waters y Gary Carr habían asesinado a su cómplice? El hermano de Fry, dijo a las autoridades que su hermano era alcohólico y que nunca controlaba lo que decía, y que eso lo hacía un “bocón”. Asi que se cree que lo asesinaron por miedo a que cuente lo ocurrido.
William Murray luego del asesinato de su madre, su hija adoptiva y su medio hermano, dijo a las autoridades que “su madre era una mala persona, por haber robado gigantes montos de dinero, por haber engañado a niños sobre la herencia de sus padres, por nunca confiar en nadie y tratar mal a las personas a su alrededor. Evadía los impuestos y además robaba dinero de sus propias organizaciones. Era una mujer deshonesta”
Aún así…la cosas deben resolverse en una corte, y no en manos de otro ser humano buscando justicia propia. Después de todo…el que esté libre de pecados que arroje la primera piedra.
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