Jack el destripador: misterio

Los avances que ha hecho la ciencia forense hasta el día de la fecha, hacen creer que sea casi imposible que un asesino despiadado se escape de las manos de la ley, y en algunos casos puede que eso sea cierto…
Pero si nos remontamos más de 100 años atrás, más exactamente hacia el año 1888, cuando todavía se desconocía completamente el ADN y las huellas dactilares (su primer uso en las ciencias forenses fue recién en 1917), la policía sólo contaba con su astucia y la de los testigos oculares y con los resultados obtenidos tras los interrogatorios.

En ese mismo año, fue cuando ocurrieron una serie de asesinatos increíblemente salvajes y crueles en Whitechapel, Londres, a manos de un asesino que NUNCA fue descubierto, a quién las autoridades y el periodismo apodaron Jack el destripador.
Los crímenes, fueron realizados entre agosto y noviembre de 1888, y se conocen tan sólo 5 víctimas hasta el momento, aunque se cree que han sido muchas más.

Las cinco víctimas de Jack el destripador conocidas fueron:

  • Mary Ann Nichols, quién fue asesinada el viernes 31 de agosto de 1888 a la edad de 43 años.




  • Annie Chapman, asesinada el sábado 8 de septiembre de 1888 a la edad de 47 años.




  • Elizabeth Stride, asesinada el domingo 30 septiembre de 1888 a la edad de 45 años.




  • Catherine Eddowes, a quién asesinó el domingo 30 de septiembre de 1888 a la edad de 46 años.




  • Mary Jane Kelly, asesinada el viernes 9 de noviembre de 1888 a la edad de 25 años.



  • Lo primero que se debe hacer cuando se trata con asesinos seriales, es buscar la relación entre las víctimas. En este caso, podemos observar que todas las víctimas excepto la última son mayores de 40 años. Pero no sólo eso…Jack el destripador siempre fue conocido en todo el mundo como el asesino de prostitutas, debido a que todas las mujeres a quienes victimizaba, eran prostitutas ocasionales.
    Los asesinatos se llevaban a cabo en lugares públicos, y los cuerpos aparecían con un corte en la garganta, realizado de izquierda a derecha (por lo que Jack era diestro), y con mutilaciones en la zona del abdomen y a veces en otras partes. En todos los cuerpos faltaban órganos (que se cree que Jack se los llevaba consigo), como el riño y el útero.
    Extirpar órganos en cadáveres, no es tarea fácil para un civil normal, por lo que se creía que Jack tenía conocimientos de anatomía, y que se podía tratar de un cirujano, o incluso de un carnicero.
    Pero los hechos mas interesantes ocurrirían el 25 de septiembre y el 16 de octubre de ese mismo año, cuando Jack le enviaría dos cartas, una a la agencia estatal de noticias y la segunda al presidente del comité de vigilancia de Whitechapel, George Lusk.
    La primera carta decía:

    “Querido Jefe, desde hace días oigo que la policía me ha capturado, pero en realidad todavía no me han encontrado. No soporto a cierto tipo de mujeres y no dejaré de destriparlas hasta que haya terminado con ellas. El último es un magnífico trabajo, a la dama en cuestión no le dio tiempo a gritar. Me gusta mi trabajo y estoy ansioso de empezar de nuevo, pronto tendrá noticias mías y de mi gracioso jueguecito…”
    Jack el Destripador

    Pero aún asi, siempre se dudó de la veracidad de esta carta, llegando a creer que no se trataba del verdadero asesino.
    El 16 de octubre, no obstante, se recibió una carta que sí se creyó auténtica, que decía lo siguiente:
    “Desde el infierno. Señor Lusk. Señor le adjunto la mitad de un riñón que tomé de una mujer y que he conservado para usted, la otra parte la freí y me la comí, estaba muy rica. Puedo enviarle el cuchillo ensangrentado con que se extrajo, si se espera usted un poco.
    Atrápeme cuando pueda, señor Lusk”

    Durante 100 años, Jack ha puesto en jaque a las autoridades y ha demostrado una increíble debilidad en el sistema de su país en aquella época.
    Sin embargo, los avances de la ciencia, han desempolvado vieja evidencia y han obtenido nuevos resultados. Durante 2006 varias hipótesis azotaron a la comunidad. Según documentos de Scotland Yard, se cree que Jack el destripador, podría ser un peluquero cuyo nombre era Aaron Kosminski.
    Pero la hipótesis más desconcertante, surge de los análisis de las cartas enviadas por Jack en 1888. Según científicos expertos, se ha encontrado ADN femenino en los papeles de las cartas, lo que hace que tal vez, 100 años de hipótesis se hayan tirado a la basura y que quizás debamos referirnos al asesino más correctamente como Jackie la destripadora.
    Las cartas muestran un odio desenfrenado por el asesino hacia las prostitutas, y si ponemos la situación bajo el microscopio de la lógica, no sería tan errado decir que es más probable que una mujer haya desarrollado semejante odio, antes que un hombre, ya que la prostitución siempre ha sido vista como degradante para las mujeres…
    Pero también sería válido decir que Jack pudiera haber obligado a una mujer a escribir dichas cartas para no dejar rastros.
    De todos modos, al parecer, la teoría de la mujer no ha sido tomada muy en cuenta, por razones que sólo sabe la policía local…ya que han hecho un identikit que según las autoridades es lo que más se asemeja al célebre criminal. Aqui está el retrato:


    Aún así, las autoridades nunca han develado el misterio totalmente….cuánto tiempo pasará antes de que se descubra la verdadera identidad de Jack el destripador…o peor aún…se descubrirá alguna vez?
    LA HISTORIA
    Se trata de un personaje bastante conocido por el público, pues el recuerdo de Jack “El Destripador” nunca se ha desvanecido desde el otoño de 1888.
    En ese año comenzó de forma tajante su carrera criminal: asesinó a cinco prostitutas entre el 31 de agosto y el 9 de noviembre.

    Para tener una mejor comprensión del fenómeno que fue Jack, el Destripador, es necesario conocer algunas de las condiciones que existían en Londres en la época de sus crímenes.
    El área de “The Whitechapel” fue la escena de sus crímenes, y entonces era el caldo de cultivo de Europa.
    Las condiciones de vida eran deplorables, el alcoholismo una forma de vida.
    Teniendo en cuenta que más de 100.000 personas vivían en los correccionales del lugar se estima que había unas 75.000 prostitutas andando por las calles, entre más de 200.000 desempleados.
    La serie de crímenes de Jack, tal vez, más que ningún otro factor, trajo a la luz la horrible situación socio-económicas de Whitechapel.

    Ciudad de Whitechapel en la época de los crímenes.
    Las víctimas:
    La primera víctima de Jack fue Mary Ann Nicholls.
    Se trataba de una prostituta hecha y derecha, de 42 años.
    Mary no podía considerarse una mujer bonita, pues era bastante gordita, baja y le faltaban los cuatro dientes de adelante.
    El último día de su vida, fue evacuada del nido de ratas en donde vivía porque no podía pagar los cuatro centavos de estadía por noche.
    Luego de perder su hogar, Mary consiguió vender su cuerpo por cuatro centavos, pero no logró resistirse a gastarlos en ginebra.
    A altas horas de esa misma noche, su compañera, Nelly Holland, vio a Mary dando tumbos por las calles, apenas capaz de caminar.
    A las 3:15 a.m., un oficial de policía cumplía su ronda caminando por la calle Bucks Row, pero no notó nada extraño.
    Media hora después, dos vagabundos vieron lo que ellos creyeron que era un pedazo de tela útil, hecho un rollo en el costado del camino.
    Cuando se acercaron al objeto, vieron sangre saliendo del paquete.
    No tardaron en salir corriendo en busca de un policía.
    El oficial de policía se encontró con el cuerpo de Mary.
    El momento de la muerte se estableció, entonces, entre las 3:15 y las 3:45 a.m.
    La garganta de Mary había sido cortada de oreja a oreja y ella había sido destripada.
    En el momento se supuso que el atacante de Mary le había tapado la boca con una mano y cortado la garganta desde atrás con la otra, y que luego procedió a mutilar el cuerpo.
    Las cortaduras en el abdomen eran de una naturaleza tan distintiva que cuando los siguientes cuerpos fueron examinados, inmediatamente fueron atribuídos a un mismo hombre, quien a partir de entonces, siempre sería conocido como Jack, el Destripador.
    Tras ésta primera muerte, corrió a través de todo Whitechapel el rumor de que Mary había sido “amigable” con un fabricante de zapatos, quien habitualmente vestía un delantal de cuero.
    En base a algunas investigaciones, arrestaron al inmigrante polaco John Pizer por considerarlo culpable del asesinato de la prostituta.
    Posteriormente la investigación de un coronel libró completamente a Pizer de todo cargo y fue liberado.
    Ocho días después del primer asesinato, Annie Chapman, otra prostituta desamparada, se convirtió en la segunda víctima del Destripador.
    Annie, al igual que Mary, había sido echada de su casa en Dorset St. porque no podía pagar la renta.
    El cuerpo de Annie fue hallado a las 6 a.m. por John Davis, quien vivía en el edificio a las puertas del cual fue cometido el crimen.
    Esta segunda locación se encontraba a sólo 180 metros del lugar en donde había sido hallado el cadáver de Mary.
    Si bien las mutilaciones al cuerpo de Annie eran peores que las del asesinato previo, las cortaduras en su abdomen no dejaban duda de que se trataba del mismo asesino.
    Los rumores de los dos asesinatos en tán solo 8 días, corrieron a través de todo Whitechapel.
    Sin embargo las calles todavía eran recorridas por bastantes personas a esas horas de la madrugada y nadie vio al asesino, aunque sería fácilmente identificable porque debería de estar cubierto de sangre.
    En ambas ocasiones, encontraron gente alrededor de los asesinatos en las horas en que fueron llevados a cabo, y sin embargo, nadie había oído nada.
    La policía estaba completamente desorientada e indefensa.
    Esto hizo que se formaran comités de vigilancia, compuestos por patrullas que trataban de proteger a la gente, al mismo tiempo que trataban de dar con el asesino.
    El 30 de septiembre, el Destripador volvió a la acción.
    Esta vez el crimen fue por partida doble, pues asesinó a dos prostitutas en la misma noche: Elizabeth Stride y Catherine Eddowes.
    En ésta ocasión, Peddler Louis Diemshutz llevaba su caballo y su carro a sus respectivas caballerizas cuando el caballo se asustó.
    Louis saltó del carro y para ver que era lo que había alarmado al animal, y allí fue cuando vio el cuerpo de Liz Stride.
    Su garganta había sido cortada de oreja a oreja, pero no había mutilaciones en el abdomen.
    El Destripador había sido interrumpido.
    45 minutos más tarde, en una calle aledaña, Catherine Eddowes se convirtió en la cuarta víctima de Jack.
    Y ésta vez la víctima recibió el habitual trato del asesino: el corte en la garganta y el abdomen destripado.
    No es cierto que Jack el Destripador nunca fue visto por nadie.
    Pues varios testigos declararon haber visto a las dos últimas víctimas con un hombre antes de haber sido asesinadas.
    A partir de las descripciones otorgadas por los testigos, la policía determinó que el Destripador andaba por las calles mucho mejor vestido que el habitante promedio de Whitechapel.
    Probablemente, tenía alrededor de 30 años y medía cerca de 1,75 metros de estatura, era de complexión oscura y llevaba bigote.
    Era probable que Jack tuviera alguna experiencia médica o de carnicero, no sólo por los cortes distintivos, sino por la forma quirúrgica en que quitó el riñón del cuerpo de Catherine Eddowes.
    En un acto demasiado osado, Jack escribió a los editores del “Central News Agency” dos días antes del doble asesinato. Éste fue el texto de la carta:
    “Estimado jefe, continúo oyendo que la policía me ha apresado, pero aún no me tienen. Me he reído cuando se veían tan inteligentes y hablaban de estar tras la pista correcta. La broma sobre el delantal de cuero me hizo reír en serio.
    Estoy matando prostitutas y no dejaré de hacerlo hasta que me agarren. Buen trabajo, el último. No le di a la dama tiempo para gemir. ¿Cómo pueden atraparme ahora? Amo mi trabajo y quiero comenzar nuevamente. Pronto oirán de mí y mis pequeños juegos.
    He guardado un poco del buen líquido rojo en una botella de cerveza de jengibre durante el último trabajo, para usarlo para escribir, pero se puso duro como goma y no puedo utilizarlo. Tinta roja es igual de bueno, espero. ¡Ja! ¡Ja!
    En el próximo trabajo cortaré las orejas de la mujer para enviarlas a la policía, sólo para divertirlos. Guarde esta carta hasta que haga un poco más de trabajo, luego entréguela tal cual. Mi cuchillo es lindo y afilado y quiero ponerme a trabajar ahora mismo si tengo la oportunidad.
    Buena suerte. Sinceramente, Jack el Destripador”.

    Pocas horas después del doble asesinato, se recibió otra carta:
    “No estaba jugando, querido y viejo jefe, cuando le di la pista. Escuchará sobre el trabajo de Jack mañana. Doble evento esta vez. La número uno se quejó un poco. No pude terminar del todo. No tuve tiempo de cortarle las orejas para la policía. Gracias por guardar la carta hasta que hubiera hecho más trabajo. Jack el Destripador”.

    Estas dos cartas se creen verdaderas, pero llegaría una más.
    A los pocos días de la publicación de las dos cartas, George Lux, el presidente del Comité de Vigilancia de Whitechapel, recibió una pequeña caja de cartón, junto con una nota.
    Esta decía:
    “Sr. Lusk, le envío la mitad del riñón que tomé de una mujer y que guardé para usted, tomé otra parte, la freí y me la comí. Tal vez le envíe el sangriento cuchillo que usé si tan sólo espera un poco más. Agárrenme si pueden”.
    Dentro de la caja encontraron, efectivamente, el riñón de la mujer.
    Luego de examinarlo, comprobaron que había sido extraído de una mujer, de unos 45 años.
    El riñón estaba empapado en ginebra y tenía un avanzado estado de la enfermedad de Bright.
    Catherine Eddowes tenía 43. La ginebra había sido su bebida favorita y sufría la enfermedad de Bright.
    Ya no cabían dudas de que el auténtico “Jack, el Destripador” había sido el autor de la carta y había enviado el riñón.
    Durante la noche del 9 de noviembre, la última y más atractiva de las víctimas de Jack cayó bajo su cuchillo.
    Mary Kelly, de 25 años, llevó al asesino a su habitación rentada.
    A las 10:45 p.m, John Bowyer, un simple mensajero, fue enviado a la habitación de Mary para cobrar la renta.
    Fue él quien descubrió su cuerpo horriblemente mutilado.
    Por primera vez, Jack no había estado apurado para completar su trabajo.
    Tiempo después las matanzas cesaron.
    La mayoría de los criminólogos creen que Jack sólo dejaría de matar si era aprehendido o moría.
    Hay demasiadas teorías con respecto a la verdadera identidad del Destripador.
    El médico canadiense Neil Cream, quien dijo “Soy Jack el…”, al tiempo que se lanzaba al cadalso en 1892, siempre ha sido el primer sospechoso de la lista, en la cual encontramos también al Duque de Clarence, nieto de la Reina Victoria.
    Pero por desgracia, cada una de las teorías tiene sus fallas.
    Pues el doctor Cream estaba en la prisión de Illinois cuando el Destripador merodeaba las calles de Whitechapel, mientras que el Duque de Clarence estuvo en Sandringham desde el 3 al 12 de noviembre, y definitivamente, no estaba en Londres cuando Mary Kelly fue asesinada.
    La verdadera identidad de Jack el Destripador sigue siendo hoy en día un verdadero misterio en la historia de la criminología.
    Con la historia de Jack, nace la rippeología:
    Durante muchos años los investigadores dedicados a develar el misterio de Jack el destripador sólo contaron con las dos cartas anteriormente descritas.
    La falta de pruebas fehacientes fue la principal causa de la explosión de novelas, ensayos, seriales televisivos y películas que han tratado de explicar el misterio de Whitechapel.
    Fue así como nació la “ripperología” y los “ripperologistas”, términos utilizados para designar la ciencia y los expertos en este asunto.
    Su acuñador fue Colin Wilson, historiador del crimen y uno de los máximos especialistas en la materia, desde que en agosto de 1960 publicara su primer artículo sobre el tema, “My Search for Jack the Ripper”, en el “Evening Standard”.
    Pese a que en 1988 se microfilmaron todos los expedientes relativos al caso, guardados durante un siglo en los archivos de Scotland Yard, y se pusieron a disposición del público y de los estudiosos, las teorías siguen surgiendo por doquier.
    La aparición de nuevos documentos, en manos de coleccionistas y anticuarios, extiende la lista de sospechosos hasta el infinito.
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