John Wayne Gacy

Un reconocido hombre de la sociedad que cometió secretamente una larga lista de crímenes.

De Payaso animador de fiestas a asesino serial; todo en una misma persona.


John Wayne Gacy, hijo de John Stanley y Marion Gacy, nació en Chicago en el año 1942.
Su padre era alcohólico, por lo que en su infancia John recibió varias palizas.
Cuando era tan solo un niño recibió un fuerte golpe en la cabeza, que tiempo después le provocaría constantes desmayos.
Su juventud:
Aparentemente era un hombre ejemplar, trabajó como gerente en un restaurante de Iowa hasta que en 1968 fue arrestado por sodomizar y golpear a un joven empleado para que no testificara sobre sus malos tratos.
Sin embargo el empleado dio declaración sobre su aresor, hecho que posteriormente hundió a Gacy en una locura asesina y contrató a toro muchacho al que asesinó para vengarse del anterior.
Al poco tiempo este crimen fue descubierto, lo cual le valió a Gacy una condena de 10 años en prisión. Su buen comportamiento en la cárcel le sirvió para reducir su pena a 3 años y quedó en libertad.
Al salir de la cárcel en el año 1970, se encontró con que su esposa había solicitado el divorcio. Tras separarse Gacy se traslada a Illinois.
Nueva ciudad, nueva vida:
En junio de 1972 se casa con Carole Hoff.
En su nueva ciudad trató de ganar popularidad entre los vecinos involucrándose en la política y en obras benéficas para su comunidad, organizaba fiestas para los vecinos y se disfrazaba de payaso para visitar a los niños en hospitales y fiestas.

Gacy, vestido de payaso para animar las fiestas.

Simultáneamente que aumentaba su popularidad social, cometía crimen tras crimen sin que nadie sospechara.
Su éxito y popularidad crecían cada vez más en los negocios y entre sus vecinos.
Íntimo amigo del alcalde, se convirtió en un dinámico activista de la comunidad, contratista independiente, exitoso y líder en la Cámara Menor de Comercio.
Incluso llegó a ser elegido por una revista local como “Hombre del año”.
Gacy era dueño de una necesidad casi obsesiva de controlar y dominar.
Era muy inteligente, contaba con un alto cociente intelectual y grandes dotes de manipulación gracias a su habilidad verbal.
Circulaba frecuentemente por las zonas de encuentros homosexuales en busca de nuevas víctimas. A las que atraía a su casa, y una vez allí les ofrecía alcohol y drogas, luego les ponía películas pornográficas.
Cuando la víctima estaba inconsciente la ataba con esposas y cuerdas, y posteriormente la asaltaba sexualmente.
Su segunda esposa terminó abandonándolo, y el hombre se inició en una serie de asesinatos a un ritmo promedio de uno al mes.
Sus víctimas eran todos varones, en edad de entre nueve y veintisiete años.
Algunos eran atraídos hasta su casa por promesas de trabajos en la construcción, luego les ofrecía licores y cuando estaban ebrios los ataba a una silla.
Tras violarlos, los mataba y los enterraba bajo su casa.
Poseía un avanzado grado de sadismo, algunas veces metía a los jóvenes maniatados en la bañera con una bolsa de plástico en la cabeza, una vez que el joven estaba casi ahogado, lo revivía para infligirle diversas torturas.
Gacy creía que era invencible, pues por su fama en la sociedad nunca iban a sospechar de él. Con el tiempo se volvió más osado y arrogante.
Ya no sólo recogía a jóvenes de las zonas de homosexuales, sino que a veces incluso los recogía de la calle y se los llevaba directamente a casa, sin preocuparse de lo que los vecinos podrían pensar ni decir ya que era un hombre bien visto.
En 1977 algo falló en sus planes y una víctima sobrevivió a sus agresiones.
Una vez que consiguió escapar, informó a la policía sobre Gacy, confesando que éste había tratado de matarlo.
Los policías, cegados por la fama de Gacy, no le hicieron mucho caso.
A fines de 1978, la madre de uno de los chicos desaparecidos dijo a la policía que unas horas antes de su desaparición, el chico le había telefoneado para decirle que un tal John Gacy le había ofrecido un trabajo; esta vez más alarmada, la policía inició una investigación.
La investigación:
El 13 de diciembre de 1978, la policía consiguió una orden de allanamiento para la casa de Gacy.
Al ingresar en ella, los agentes sintieron un olor insoportable que invadía todas las habitaciones.
Los investigadores siguieron el hedor hasta el sótano de la casa, en dónde hallaron tres cuerpos en estado de descomposición y una caja con cosas inusitadas: marihuana, un anillo de preparatoria con las iniciales J.A.S., siete películas pornográficas hechas en Suiza, pastillas de Valium, una navaja, fotografías de droguerías y farmacias, libros eróticos, unas esposas con llaves, una pistola italiana de 6 mm con cartuchos servibles y ropa muy pequeña para ser de Gacy. El reconocido John fue arrestado inmediatamente.

Gacy, detenido por la policía.

Cuando lo detuvieron, John Wayne Gacy tenía treinta y seis años.
Su aspecto era agradable: bajo, gordito y con un gracioso bigote negro. Más que un peligroso asesino parecía un honrado hombre de negocios preocupado por el bienestar de la comunidad… quién se imaginaría que este simpático hombre fuera el asesino confeso de treinta y tres jóvenes.
Las víctimas que habían sobrevivido a Gacy se presentaron en la prisión e identificaron al agresor, quien confesó entonces haber torturado sexualmente y asesinado a más de treinta jóvenes.
Días después de la detención, los investigadores procedieron a levantar y cavar en el suelo de la casa de Gacy, encontrando más cuerpos enterrados entre la grava a poca profundidad y recubiertos con cal viva para acelerar la descomposición.
En total se hallaron otros veinticinco cuerpos enterrados en el sótano de la casa y cinco más en un río cercano.
El juicio:
En el interrogatorio a Gacy, cuando le preguntaron por qué rebajaba así a sus víctimas respondió que no eran más que unos “despreciables mariquitas”, unos inútiles vagabundos, mientras él era un próspero hombre de negocios que no disponía de muchas horas libres. También declaró que una relación sexual esporádica con estos jóvenes le quitaba menos tiempo que mantener una relación seria con alguna mujer.
En el juicio que se celebró en 1988, sus abogados alegaron inocencia por enajenación y que su cliente era inimputable por padecer un serio trastorno de personalidad.
La parte acusadora dijo entonces que en sus crímenes había un seguimiento de la víctima y premeditación, además de que el acusado era consciente de diferenciar el bien del mal, por lo tanto era imputable por ser responsable de sus actos.
Gacy conservaba en todo momento su faceta asesina, incluso cuando actuaba como Pogo para los niños, simplemente ocultaba esa parte de su vida al exterior.
Seis semanas duró el juicio. Finalmente el jurado lo declaró culpable y fue sentenciado a 21 cadenas perpetuas y 12 penas de muerte.
La condena… el fin:
Gacy negó su culpa alternadamente mientras cumplía su larga condena.
En la cárcel consiguió reconocimiento como pintor naïf. Sus cuadros, de temática circense llegaron a alcanzar precios muy elevados en el mercado (300,000 dólares).
Finalmente fue ejecutado en 1994.


Un cuadro de Gacy
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