Mary Bell

Podemos afirmar que Mary Bell tenía problemas desde su infancia, y que sus padres tienen la culpa del comportamiento de su hija.
Con tan solo 10 años de edad, Mary había matado a dos niños, y en vez de remordimiento, reconoció haber disfrutado cada asesinato.
Los doctores le diagnosticaron a Mary la enfermedad de “Psicópata”.

Una infancia poco común:

La infancia de Mary, es poco comparable con la de cualquier niño, pues sus padres le tenían prohibido hablar de cualquier cosa y menos si había alguna persona de la policía.
Su papá Billy Bell, siempre había vivido con ellos, pero les había enseñado a sus hijos (Mary, y sus hermanos menores), que siempre lo llamaran “tío”, para que de esa manera su mamá pudiera cobrar la pensión mensual que el gobierno le otorgaba.
El papá Billy Bell era un ladrón y la mamá Betty Bell era una prostituta; ella misma aceptó: “Yo no quería a mi hija, varias veces la traté de matar, poniéndole drogas revueltas con sus dulces, causándole sobredosis, también la usé como juguete sexual con algunos de mis clientes desde que tenía un año de edad”.
Mary, una niña que a la edad de 11 años seguía mojando la cama, aceptó que su mamá la ridiculizaba con sus amigos y con todo el vecindario cuando mojaba la cama, colocando de forma vertical el colchón en la ventana para que todos vieran que se había orinado.
Los asesinatos:
Mary era una niña de 10 años normal a los ojos de cualquiera.
Cierto día preguntó a Pat, la hermana mayor de Brian. “¿Estás buscando a Brian?”, sí, ya debería de estar en casa.
Brian era un niño de tres años, de cabello rubio, y nunca se alejaba mucho de casa cuando salía a jugar.
Mary y su mejor amiga Norma, se ofrecieron para ayudar a Pat a buscarlo.
La acompañaron por todo el vecindario, sabiendo perfectamente desde un principio dónde se encontraba Brian.
Cruzaron las vías del tren, hasta llegar a la zona industrial, en donde normalmente los niños se reunían para jugar entre los materiales de construcción.
Pat estaba muy preocupada por su hermanito Brian, ya que sólo hacía unas cuantas semanas se había encontrado muerto al pequeño Martin Brown dentro de una casa abandonada.
Mary, señaló hacia unos largos bloques de cemento y dijo: “Puede que esté jugando entre esos bloques”. “Por supuesto que no, el nunca va para allá”, contestó Norma.
Brian se encontraba muerto entre esos bloques.
Mary deseaba que Pat encontrara a su hermano muerto porque quería ver el gesto de conmoción en su cara. Pero Pat decidió irse, y fue la policía quien encontró el cuerpo del pequeño Brian a las 11:10 de esa misma noche.
Cuando lo encontraron. Brian se hallaba cubierto de pasto.
Había sido estrangulado; y a su lado se encontraron unas tijeras rotas tiradas en el pasto.
Tenía marcas en sus muslos y sus genitales habían sido parcialmente desprendidos.
Trozos de cabello le habían sido cortados, las heridas eran bastante grotescas.
“Existía una terrible sensación de juego, algo de ternura y de alguna manera, el toque juguetón hacía ver monstruoso aquel asesinato”, dijo el inspector James Dobson.
Brian, tenía marcada en el vientre la letra “M”, aparentemente inflingida por una navaja de rasurar.
Esta marca apareció días después, y parecía que lo habían firmado con la letra “N”, pero una cuarta marca fue impresa para convertirla en la letra “M”.
Durante el verano de 1968, los habitantes de Scotswood se encontraban bastante asustados por los acontencimientos; la policía procedió a entrevistar a todos los niños de entre tres y quince años.
Los adultos se preguntaban si el accidente de Martin Brown, también se trataba de un asesinato.
“Estábamos realmente nerviosos”, dijo la tía de Martin, tanto, que en el aire se percibía el olor a miedo.
Entre los niños sospechosos se encontraban Mary Bell de 10 años y Norma Bell de 13 años. Mary era demasiado evasiva y actuaba de manera bastante extraña, Norma estaba emocionada por el asesinato y se dedicaba a sonreír, como si todo fuera un juego; dijo un policía.
En la declaración oficial de Mary, ella mencionó las tijeras que se encontraron al lado del cadáver, lo cual era una evidencia confidencial, pues en ese momento ella se incriminó sola, y se podía suponer que tanto Mary como Norma, habían visto morir a Brian y que alguna de las dos o ambas era la asesina.
Norma fue interrogada por segunda ocasión por el inspector Dobson, y esta vez ella confesó que Mary le dijo que ella había matado a Brian, y que después la llevó a ver el cadáver, advirtiéndole no decírselo a nadie.
Cuando vio a Brian, Norma sabía que estaba muerto, pues tenía los labios morados.
En ese momento, Mary pasó sus dedos por los labios de Brian y le dijo que lo había disfrutado. Al concluir su interrogatorio la policía no perdió tiempo y fueron por Mary, pero ella parecía estar muy tranquila y no aceptó nada, Mary reflejaba estar en un juego de policías y ladrones y nada la ponía nerviosa, como si supiera lo que iba a pasar y cuál era el proceso policial.
Debido a muchas contradicciones las dos niñas fueron acusadas de asesinato y encarceladas en la estación de policía, en espera del juicio.
Las dos familias que perdieron a sus hijos declararon que luego de la muerte de éstos, habían sido interrogadas por Mary Bell, con preguntas como: “¿Extraña a su hijo?”, “¿Le duele que haya muerto?”, inclusive con un tono de burla.
En el caso de Martin Brown, quien fue encontrado muerto en el piso, con varios golpes y la cabeza sangrando, confesó Mary Bell, que junto con Norma, llevaron al niño engañado a una construcción, y cuando se encontraba parado en una barda, Mary lo empujó, y el niño quedó inmóvil en el piso, pero consciente.
En ese momento, Mary y Norma bajaron hasta donde estaba Martin, y al verlo indefenso, pero todavía con vida, Mary dijo: “Puse mis manos alrededor de su cuello y lo apreté muy fuerte, el trató de defenderse, pero yo tenía más fuerza que él, no lo solté hasta que vi que ya no se movía, lo disfrute”.
Entre otras declaraciones, Mary dijo: “Siento placer lastimando a los seres vivos, animales y personas que fueran más débiles que yo, que no se pudieran defender”.
Esta declaración conmocionó a todo el pueblo.
El juicio:
Mary y Norma fueron llevadas a juicio, el 5 de diciembre de 1968.
El proceso judicial duró de nueve días, y la Corte estaba abarrotada por la prensa.
En el juicio se le preguntó a Mary que cómo ella sabía que Martin había sido estrangulado, tomando en cuenta que este dato se mantuvo todo el tiempo como confidencial; también el forense incriminó a Mary al demostrar que se encontraron fibras del vestido de Mary en los cuerpos de las dos víctimas.
Igualmente se encontraron fibras del vestido de Norma en los zapatos de Brian, pero la duda permanecía, de qué tanta culpa podría tener Norma en los homicidios, se dice que lo que realmente se trataba de averiguar en ese juicio era si Mary era una pequeña niña trastornada o en verdad se trataba de un monstruo, una mala semilla.
El veredicto:
Mary obtuvo la pena por homicidio; pero lo que no estaba muy claro era qué tan severo sería el castigo que se le impondría a Norma.
La defensa tenía que probar que Mary estaba psicológicamente enferma y que no comprendía la magnitud de sus actos.
Después de los testimonios de las niñas, la corte llamó a los psiquiatras que las examinaron y su opinión fue: “Nosotros creemos que esta niña tiene que ser puesta en manos de una institución mental, ya que padece de una personalidad psicópata, demostrada en la falta de estima y cariño hacia los seres humanos y la propensión a actuar por impulso sin pensar en las consecuencias”.
Los jueces tardaron un buen rato en deliberar las sentencias, y Norma tembló de emoción cuando la encontraron inocente de los cargos que se le imputaron en ambos homicidios, pero fue puesta bajo supervisión psiquiátrica.
Sin embargo, Mary fue encontrada culpable de asesinato en ambos casos por: “asesinato, por delegar responsabilidad y buscar complicidad”.
Su detención sería por tiempo indeterminado.
Una vida condenada:
Aparentemente recuperada y rehabilitada, Mary fue liberada a los 23 años, el 14 de mayo de 1980, su primer trabajo fue en la enfermería local para niños, pero determinaron que éste era un trabajo inapropiado para ella.
Después regresó a casa con su mamá, y conoció a un joven que la dejó embarazada, pero ahora la polémica se trataba de si a la mujer que había matado a dos niños se le debía permitir que se convierta en madre.
Ella luchó arduamente por su derecho a ser madre, alegó que ahora era otra persona, que se había reformado y que se arrepentía de lo que había hecho en su infancia; su hijo nació en 1984.
Mary alega que desde el nacimiento de su hijo ha tomado una nueva conciencia acerca de los crímenes que cometió, que de alguna manera ocurrió una transición dentro de ella, debido al tratamiento apropiado que recibió, pasó de ser una niña asesina a una madre cariñosa.
Eventualmente conoció a un hombre del cual se enamoró, se fue a vivir a un pequeño pueblo, pero los oficiales tenían que avisar a las autoridades locales de su presencia, así es que de inmediato los habitantes de ese pueblo organizaron marchas, exigiéndole a la asesina que se marchara.
Mary Bell tendrá que vivir por siempre con el temor a ser exhibida.
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